de noche tras noche

Arranco de pronto, golpe de pólvora
arranco sin tiempo, sin hora
taciturno, robótico
sin parlamentos, sin líneas
trillado
arranco para mi, la hora que no es
el tiempo que no cuento en las mañanas
ausencia que mendiga la luz vecina
tendida sobre la cama,
arranco, nada convencido,
con deseo de no perderme
mucho menos de encontrarme de frente
ante ti, ante tanto de ti
te hurto un trozo
morboso
sedo a la gula; lengua, saliva, paladar, diente
cedo desmedido, sin gracia
sin después, sin razón
entonces, y por eso
odio el camino de vuelta a mi cama
y la luz que me ciega
de la nevera con la noche

I

Hay picos entre el espacio que cedes
y en el que no te busco
odio tu verdad incierta
la mía me complace
excita todas las razones de mi ánimo
no voy a buscarte
lluvia terca
continúa tiesa, de un lado para otro
haz pisadas de tu tiempo
vacila una manilla en la puerta
no voy a buscarte
aún no

Azucar on girl

What else brings your lips back
Its about the space between your last step
And the final blink of my hand

here it is, still it is the side of you
the one you walk about it

quite spicy moon

hearts bit different here
where is five hundred years later
cant be cold calm
cant turn the time and the wind

slide
it’s already mad, wine and bed

reflexion

No le temo a la muerte
la muerte es pura
es invariable

es muerta

Malahora

Soy ahora el preludio de un bozal
estirpe pura sangre
pura sangre tinta y tinto
limito brutal entre las presas y sus adornos, contornos bien habidos, puros, llenos de mierda.

Dual, como cualquiera, como únicos, sobre los tapices de valle, de montes después de valles, mofo el sexo a las luces y soy la desventura, un siglo vestido de opaco, un buen final. Al fin la utopía, desabrida.

Hay un jadeo que desgarra las ropas, los colores, la mitad del aire, y del tiempo. Hay para ese una inmensa agenda, una cabida sobre la ciudad, la desdicha de los insectos.

El Torna Cabezas

De mis opciones favoritas para perder el tiempo en la plaza Francia de Caracas, está el ¨torna cabezas¨. Sólo tiene que ser un día de brisas, brisas fuertes que empujan hojas del suelo, periódicos abandonados (no son más que hojas del suelo) y uno que otro objeto liviano que alguien dejó al olvido. El procedimiento es bastante sencillo. Hay que ir a tomar un banco desocupado, los que rodean a los árboles de la plaza, árboles en hileras de norte a sur o de sur a norte, como lo prefiera usted ver.

No se moleste en mirar alrededor, mire hacia arriba, detalle los árboles, véalos sacudirse de un lado a otro. Mire las pequeñas hojas como aplauden alborotadas, no trate de comprenderlas ni adivinarlas, corre usted el peligro de arruinar su encanto.

Para mantener el procedimiento activo y gustoso, tiene que dejar correr el tiempo mientras sigue mirando hacia arriba. Note casi sin voltear que se le suman caminantes, heladeros, y si tiene suerte hasta algún policía. Todos buscando mirar lo que usted mira. Consumirán varios segundos, luego, inconformes y desorbitados seguirán en lo que estaban. No se desanime, vendrán más.

Cuando mejor le parezca deténgase de pronto, mire el reloj, y váyase del lugar como se iría usted del trabajo. Asegúrese de haber dejado mirones. Diríjase al lado contrario de la plaza y comience de nuevo el procedimiento. Recuerde durante todo el proceso, sólo sonreír para usted.

Cuento de un misterio

Cuando llegamos al otro hotel,
alguien, desde algún piso, volvió a gritar mi nombre